Las redes prometen alcance gratis y por eso atraen a quien busca gratis. Si tu estrategia completa es publicar diario y esperar, el público que llega es el que compara precios, pide descuento y se va con quien cobre menos.
No es culpa del algoritmo. El canal define la expectativa. Alguien que te encuentra en un video de treinta segundos llega en modo ganga. Alguien que te encuentra buscando cómo resolver un problema específico llega en modo problema, y ese sí pregunta cuánto cuesta arreglarlo.
He visto negocios con cien mil seguidores facturar menos que negocios sin redes y con una lista de correo de doscientas personas que contestan.
Las redes sirven como vitrina, no como motor. Lo que convierte casi siempre es lo aburrido: el correo, la recomendación de un cliente, el contenido que resuelve algo concreto.
Antes de meterle tres horas diarias, revisa de dónde salieron tus últimos diez clientes que sí pagaron. Esa lista decide mejor que cualquier consejo.