Las decisiones técnicas que hunden negocios rara vez son las espectaculares. Son las que te amarran.
Antes de decidir algo grande me hago tres preguntas. Cuánto cuesta deshacerlo. Quién más puede mantenerlo si mañana no estoy. Qué pasa con mis datos si el proveedor cierra o triplica el precio.
Si la respuesta a la primera es “reescribir todo”, eso ya no es una decisión técnica. Es una apuesta del negocio y la tiene que conocer quien pone el dinero.
Hay una idea de Amazon que me robé: separar lo reversible de lo irreversible. Lo reversible se decide rápido, aunque te equivoques, porque el error es barato. Lo irreversible se decide despacio y con alguien más revisando.
Muchos equipos hacen justo lo contrario. Discuten dos semanas el nombre de un endpoint y eligen la base de datos en una tarde porque estaba de moda.